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BREVE
RESEÑA DE SU VIDA
Yoshío Ogata nació en Tokio, Japón, el 18 de noviembre de 1885, fue hijo único. Su padre era Coronel del ejército imperial de Japón, que murió durante la guerra chino-japonesa en el asalto a la isla de Formosa. A los diez años de edad quedó al cuidado de su madre, quien lo hace ingresar a la escuela “Kodokan”, cumplía un severo horario y obedecía las normas de un instituto creado para instruir a los jóvenes provenientes, en su mayoría, de la aristocracia japonesa. Siendo segundo Kyú, lo que en la actualidad en Occidente es el grado de cinturón azul, deja el Kodokan, y se radica en la ciudad de Yokohama, donde se desempeñó como alumno ayudante del Shihan Hagiwara, que se dedicaba a la enseñanza de la antigua lucha marcial samurai, denominada Ju-Jutsu. Aquella disciplina formó su espíritu y físico, acostumbrándose a las más duras pruebas corporales y morales. Por esa época, un contrato para enseñar en Argentina, y en particular en la Armada Argentina como profesor de defensa personal de los cadetes de dicha institución, habría de cambiar su vida y convertirlo en el introductor del Ju-Jitsu tradicional en nuestro país, y en el primer profesor japonés que llegó a la Argentina para enseñar un Arte Marcial.

EL
CONTRATO
QUE LO TRAJO A LA ARGENTINA
El Capitán de navío Adolfo M. Díaz, comandante de la Fragata Sarmiento en su séptimo viaje de instrucción, había tenido oportunidad de presenciar en la ciudad de Yokohama entrenamientos de Ju-Jitsu, quedando impresionado por la eficacia de dicho arte marcial de los samurais, y considerándolo de gran eficacia para la defensa personal de los marinos argentinos, como recuerda Raúl Oscar Díaz Castelli en una nota, aparecida en el suplemento dominical del diario “ La Prensa ” de enero de 1968, solicitó autorización para contratar a un profesor destinado a instruir al personal de la Armada Argentina. En el parte que elevó a sus superiores escribía el Capitán Díaz lo siguiente:
“Solicité de V.E. autorización para contratar un profesor de la antigua lucha japonesa denominada Ju-Jutsu, que se enseña aquí en todas las instituciones militares y en la policías. V.E. me acordó telegráficamente esta autorización pero al llevarla a cabo se tropezó con algunos inconvenientes de idioma, de sueldo y de algunos detalles de contrato, por lo que me creí autorizado para apartarme de las normas establecidas entre nosotros, habiendo tomado un profesor y ayudante bajo las condiciones normales de nuestro reglamento”.
El profesor contratado se llamaba Yoshío Ogata, quien firmó un contrato con la Armada Argentina con el grado de Suboficial Primer maestro de Armas, por un año, estadía paga, viaje ida y vuelta sin cargo, con un sueldo de 120 pesos mensuales, y su ayudante Kotoku Watanabe se embarcaron en la Fragata Sarmiento , el 3 de agosto de 1906 del puerto de Yokohama, y después de atravesar el Pacífico, y de pasar por Ushuaia y Bahía Blanca, llegaron a la dársena norte, el
29 de noviembre de 1906.
Con su llegada sería uno de los 15 japoneses que habitaban este país. Recuerda el maestro Ogata en un reportaje realizado para el diario “La Prensa” en 1968 que durante el viaje a la Argentina no pudo realizar clases de Ju-Jitsu con los marinos por dificultades propias del viaje en alta mar. El 23 de diciembre de ese año, el Presidente de la Nación Dr. Figueroa Alcorta, que había asumido la presidencia tras la muerte del Presidente Quintana, al pasar revista al buque insignia “25 de Mayo” y a la fragata “Sarmiento” por su arribo a Buenos Aires, tuvo oportunidad de presenciar entre otros honores una exhibición de Ju-Jitsu realizada por Ogata y Watanabe, obsequiando como premio $50 a cada uno. Alojados durante un año en la fragata fueron trasladados al Depósito de Marinería en Retiro, que había sido inaugurado recientemente.
Debemos imaginarnos lo difícil que fue para el Sensei Ogata y su amigo y acompañante Watanabe el primer año de estadía en nuestro país, sin saber hablar español y haciéndose entender en inglés y por medio de dibujos para enseñar las técnicas. Posteriormente para Ogata, se tornó más difícil en soledad, cuando su ayudante y amigo Watanabe decide regresar a Japón por no poder adaptarse a nuestro país.Una prestigiosa personalidad muy influyente de la sociedad porteña, el doctor Carlos Delcasse conoció al Sensei Ogata y se interesó por aprender Ju-Jutsu, por haber sido el arte marcial de los samurais. Delcasse era una personalidad descollante y famoso deportista, conectado a la alta sociedad porteña, lo contrata personalmente para que le diera clases particulares de defensa personal en su casa de la calle Cuba 1919; pagándole cien pesos por enseñarle tres veces por semana las antiguas técnicas del Ju-Jitsu japonés. El Dr. Delcasse tenía 63 años y tenía un cuerpo atlético, al principio no quería dar crédito a la contundencia del Ju-Jitsu, hasta que se convenció al ver actuar al Sensei Ogata con un luchador que pesaba 85 Kg. que también iba a la sala de gimnasia de la casa de Delcasse, y a quien Ogata derribaba y dominaba con palancas con gran facilidad.
La pedana y gimnasio de la casa del doctor Delcasse era frecuentada por deportistas famosos de la época, uno de ellos, que después sería muy famoso y que gozaba de prestigio, era Jorge Newbery, pionero de la aviación nacional, también conoció el Ju-Jitsu tradicional al convertirse en alumno del Sensei Ogata. Fue allí donde recibió la proposición, por parte del dueño de casa, de ingresar a la policía de la ciudad de Buenos Aires, como instructor de defensa personal. El Doctor Delcasse decidió ayudarlo y en beneficio de Ogata gestionó ante el Jefe de Policía de la ciudad de Buenos Aires, el Coronel Ramón L. Falcón para que lo incorporen como instructor de defensa personal, y así fue, acompañado de un marino de la Armada como intérprete, se presentó en la Escuela de Cadetes de Policía que funcionaba por entonces en las proximidades del Tiro Federal Viejo, entre las calles Figueroa Alcorta y Dorrego para comenzar una nueva y trascendental etapa, en la historia de esa institución y del Ju-Jitsu tradicional en nuestro país. Esta institución fue pionera en el Continente en incorporar la defensa personal como asignatura en la formación de sus futuros oficiales de policía.
El ingreso a la Policía de la ciudad de Buenos Aires se concretó en 1907, y se le otorgó la jerarquía de Oficial instructor. Debiendo instruir a 150 cadetes de policía. El director de la Escuela era el Comisario Correa, y el Subdirector el Comisario de órdenes Rivas. Con el tiempo, ellos también fueron alumnos del Sensei Ogata. A partir de entonces tuvo prohibido dar clases particulares a civiles, manifestando el Sensei Ogata en el reportaje del año 68 que
“tenían razón al prohibírmelo, porque los malevos aprenden más porque tienen más tiempo y más plata –reflexionaba con estas palabras en la entrevista publicada en el diario La Prensa” .
En 1908 la Escuela de Policía de la ciudad de Buenos Aires se trasladó a José María Moreno y Rosario, era mitad Escuela y mitad potrero. Las clases las daba en el patio de la institución. Una sola vez presenció las clases el Coronel Falcón, y en esa oportunidad, golpeó el bastón que usaba varias veces, pidiendo entusiasmado “bis, bis…” En el año 1914 el Sensei Ogata decide regresar a Japón para visitar a su madre y amigos, habiendo obtenido la ciudadanía argentina, pidió la baja en la Policía por error, cuando quería solicitar licencia. Con la intervención del Capitán de Navío Díaz, con quien mantuvo una gran amistad hasta su muerte, pidió permiso al Ministro de Marina para integrarse a la Fragata “Sarmiento” en su 14º viaje de instrucción a los cadetes navales, que bajo las órdenes del Capitán de Navío Abel Renald, zarpa del puerto de Buenos Aires en marzo de 1914. El itinerario de la fragata incluía ciudades de Europa, pero al llegar a Singapur lo sorprende la declaración de la Primera Guerra Mundial, por lo que no pudieron recorrer Europa.
Relata el fotógrafo de la Fragata “Sarmiento” el Sr. Aquiles Sartori, el encuentro de Ogata con su madre en el libro “Una vuelta al mundo”: escribiendo lo siguiente:
“un japonés llamado Yoshío Ogata que después de residir 8 años en Buenos Aires, ha venido en la Sarmiento para visitar a su madre. Presencié aquella recepción maternal tan rara, sencilla y conmovedora. Madre e hijo al verse, se arrodillaron a dos metros de distancia saludándose con dos o tres reverencias, acompañada cada una de ellas de palabras corteses, después de lo cual la señora se ausentó a las habitaciones interiores, cuando regresó noté que había llorado. Así son las mujeres japonesas, lloran a solas y cuando se les escapan algunas lágrimas delante de sus esposos exclaman: disculpad mi falta de cultura. Con Ogata realizamos ese día algunas visitas a sus amigos y parientes, que yo aproveché para conocer algo de la intimidad de la vida japonesa”.
De vuelta a la Argentina en octubre del año 1914, y sin cargo en la Policía de la ciudad de Buenos Aires, se dedicó exclusivamente como medio de vida, a dar clases particulares de Ju-Jitsu tradicional a civiles interesados en aprender defensa personal, hasta que el comandante Tomás Bello, que era alumno, gestiona para que lo contraten como profesor de defensa personal en la Gendarmería Nacional de la Provincia de Neuquén. Allí el Sensei Ogata enseñó las técnicas de Ju-Jitsu al personal, y además, participó en las tares de patrullaje del cuerpo, como un gendarme más.
“Recuerda el Sensei Ogata en su reportaje en el diario La Prensa en 1968, que salían de recorrida a las nueve de las noche y regresaban a las cuatro de la madrugada”.
Fue también en Neuquén donde cambiaría su vida en lo personal, al conocer a la mujer con la que se casaría tiempo después, la Stra. Margarita Fabani.
Terminando la labor de entrenamiento a los gendarmes de Neuquén, regresó a Buenos Aires. En 1918 comenzó a dictar clases de natación en el Club Gimnasia y Esgrima de la ciudad de Buenos Aires, deporte que también había cultivado desde su infancia, demostrando en muchas oportunidades que podía mantenerse en flote con medio cuerpo hundido, de pie, y realizar prácticas de tiro o con arco y flecha, antiguas técnicas samurai de flotación y nado que conocía a la perfección el Sensei Ogata.
Ese año, el Sensei Ogata puede reintegrarse a la Policía de la ciudad de Buenos Aires, y con el permiso del entonces Jefe de Policía Dellepiane se le permite dar clases particulares a los civiles. Ogata fue pionero también de otro deporte desconocido en nuestro país por entonces, el béisbol, y funda con otros integrantes de la colectividad japonesa el “Nipón Beisbal Club”, entrenando en la cancha de Singer, ubicada en calle José María Moreno al 300. En el año 1925 entre sus anécdotas se destaca haber logrado por primera vez vencer al equipo del Swift, integrado únicamente por norteamericanos. El mayo de 1919 es nombrado profesor meritorio de la sección tráfico, recientemente inaugurada. Posteriormente enseñaba, en Campo de Mayo, defensa personal al cuerpo de Zapadores Pontoneros. El 8 de febrero de 1938, se jubila de la ya creada Policía Federal Argentina como Oficial Subinspector. Jubilado de la Policía Federal , continúa dictando clases de Ju-Jitsu en su instituto llamado “Ausonia”, ubicado por calle Santa Fe y Montevideo en la Capital Federal.
Posteriormente el Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, al fundar la Escuela de Cadetes “Juan Vucetich” lo designa profesor de defensa personal en dicha institución de la Provincia de Buenos Aires, convirtiéndose en el primer profesor también de la Policía Bonaerense. Años después sería instructor de la primera Brigada Femenina de la ciudad de La Plata.
En la entrevista que le realizan por el diario “La Prensa”, en la edición del viernes 10 de mayo de 1968, se le preguntó al Sensei Ogata que se refiriera a un episodio de sus muchas experiencias como profesor de Ju-Jitsu, y Ogata recuerda uno que, según su dichos, no se pudo borrar de su memoria, porque le demostró a los demás algo que él quería probarles: que el Ju-Jitsu tradicional como defensa personal es útil y puede ser oportuno. La situación vivida por el Sensei Ogata fue el 30 de agosto de 1910, cinco marineros, de nacionalidad rusa, estaban en el bar que había cerca de Once, donde Ogata se encontraba conversando con unos amigos, los recuerdos de la guerra ruso-japonesa estaban frescos todavía por aquella época, el Sensei Ogata tenía un bastón de mimbre con cabo de plata, pesado, y estaba jugando con él cuando se le escapó, con tan mala suerte, que fue a golpear el pie de unos de los cinco rusos, y al recoger el bastón, el marinero ruso lo empezó a provocar, a él y a sus amigos. Como insistían los otros rusos también, en sus agravios verbales, Ogata los invita a que salieran del local y una vez en la acera, fue neutralizando uno a uno, aplicando técnicas de Ju-Jitsu para vencerlos a los cinco rusos, ante la sorpresa de todos los testigos presentes. Como Ogata estaba de civil no supieron que era oficial de policía. Cuando quisieron llamar a un agente de policía, Ogata se les adelantó, y contó el incidente al agente que llegó al lugar, hizo hospitalizar a los cinco heridos y se presentó en la comisaría correspondiente, donde por declaración de los testigos fue justificada su legítima defensa, y las cosas no pasaron a mayores. Y esa fue la anécdota que siempre recordó y que la comentó el la entrevista del año 68.
El Sensei Yoshío Ogata falleció el
1º de julio de 1970 en su domicilio de calle Castañón 1462. Con su muerte, se cerró la primera etapa de la difusión del Ju-Jitsu tradicional japonés, llegado a estas tierras como primer arte marcial en los primeros años del siglo XX, este trascendental acontecimiento sembró la semilla que lentamente, décadas después floreció en distintos rincones de nuestro país.
EN
HOMENAJE AL SENSEI YOSHÍO OGATA,
POR
SU TRASCENDENTAL LEGADO,
DE
DIFUNDIR EL JU-JITSU TRADICIONAL JAPONÉS
EN
LA ARGENTINA”
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Sensei
Mario Alem
Dir. ESJJTyBJ
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